He vivido el sueño de África. Durante varios días hemos estado todos concentrados: los chavales, los entrenadores, los integrantes de la expedición, como un solo equipo con un objetivo común.
Soy incapaz de separar el tiempo en días u horas porque todo tiene la apariencia de un periodo continuado con un momento cumbre y fundamental que se quedarà grabado a fuego en el alma.
Durante unas horas fuimos el centro de atención de decenas de miles de personas, muchas de distintas nacionalidades y el color amarillo de la camiseta de Sudáfrica que uniformaba la grada.
Un sólo sonido llenaba el espacio inmenso del estadio de Orlando en Soweto: el sonido poderoso de las vuvucelas que, al estilo de las antiguas trompas romanas, o al barritar de miles de elefantes salvajes, se adueñaba de nuestros cerebros haciendo vibrar hasta el espíritu màs inconmovible.
El premio nobel Miguel Angel Asturias dijo una vez, refiriéndose a las Olimpiadas de México: “Hubo en un siglo, un día, que duró todos los siglos“. Creo que esta frase define a la perfección el sentimiento que nos unió el domingo a todos y que galvanizó a los dos equipos españoles para ganar con autoridad los partidos que se jugaron en el estadio.
La final de 2009 (Sudàfrica-Suiza) fue espectacular. Los sudafricanos, auténticas gacelas de la sabana fresca que constituía el terreno de juego dieron un recital de viveza, armonía y elegancia frente a una Suiza que se mostró en todo momento correosa y potente.
Finalmente, Sudáfrica se impuso y el estadio Orlando estalló con la furia incontenible de las vuvucelas y la ovación desbordada de quienes revivían, a través de sus compatriotas la gloria experimentada escasamente dos meses antes durante el mundial.
La final de 2010 fue un canto al buen juego, técnico y variado, de los mexicanos que les aupó a la victoria final frente a un Uruguay esforzado que lo dió todo y se dejó en el terreno sudores y sufrimiento.
En suma un momento inolvidable y unos días que a buen seguro marcarán las vidas de los chavales.
Quién fuera ellos para vivir, desde su inocencia y capacidad de asombro, este sueño de África que nos ha demostrado, a través de la Danone Nations Cup, que, si crees en tus sueños, tus sueños, tarde o temprano, se harán realidad.